En
una ciudad no muy lejana los habitantes vivían felices, sus hijos jugaban en
los parques, plazas y calles de forma saludable y segura; parte de esa
población era la familia Robles Zavaleta, ellos tenían dos hijos Kim y Hakím, ambos
creativos, Kim cogían cajas vacías, al rato las convertía en hermosas mansiones
para sus muñecas, Hakím siempre intentaba explicarse como funciona los juguetes
que tienen control remoto, cogía las herramientas de su padre, al rato examinaba
piezas del carro o robots que veía en casa.
Se
escuchó una llamada, Hakím cogió el teléfono y escucho en silencio; ¡Kim! ¡Kim!
hacer maletas que papá dejará este lugar;
- ¿por qué? Pregunto Kim.
--papá
irá a trabajar a una ciudad muy grande, cómo él ama su familia, no dudará en llevarnos.
Ya
en la ciudad Kim y Hakím no salían de su asombro, miraban a cualquier lado y se
topaban con grandes edificios y multitud de personas, seguían el camino hasta
que se toparon con un olor desagradable. Ambos niños se miraron confusos, no
podían comprender que está ocurriendo, - ¡papá! ¿qué está sucediendo? –
preguntó el más pequeño; Kim contemplaba el montículo de residuos, qué alegría
aquí hay suficientes cajas para seguir haciendo mansiones para las muñecas,
dijo Kim; mientras tanto Hakím se puso a buscar entre los residuos, piezas que
tuvieron que ver con juguetes que funcionan con la ayuda de unas baterías o
pilas.
Visitaron
toda la ciudad, quedaron incomodos con el cumulo de residuos, pero veían que
los pobladores lo consideraban normal; ellos acostumbrados de vivir de manera
diferente comenzaron a ordenar y limpiar el lugar donde se hospedaron, Kim
después de reciclar todas las cajas posibles comenzó a convertirlos en hermosas
mansiones, estas fueron observados por otras niñas e imitaron, ella ayudaba a
las niñas hasta lograrlo; Hakím trataba de volver a utilizar piezas, tenía el
afán de construir algo, intentaba y no lograba conseguir nada.
Los
niños de esta ciudad comenzaron a imitar a los hermanos, todos felices de tener
que reciclar y volver a usarlo.
De
pronto se oscureció el cielo, todos se asustaron, se vio un pequeño remolino y
la basura de alrededor dio vida a una bestia inmensa.
--No
quiero que limpien la ciudad, debe estar sucio como siempre, me incomoda su
presencia. – dijo la bestia y desapareció.
Hakím
y Kim dijeron que no se debe tener miedo la suciedad, eso es desagradable,
invito a los niños a depositar la basura donde corresponde, de a poco muchos
niños y niñas comenzaron a ser ordenados y limpios, aunque temían el regreso
del monstro de la basura.
Los
padres estaban felices, sus hijos aprendieron ayudaron a tener un lugar limpio
y ordenado, esta noticia llego a oídos del malvado monstro.
-
Nadie se mete con Apestoider, este
lugar me pertenece, así que seguirá siendo sucio, apareció entre la multitud de
niños que jugaban en el parque, expulsando humo de olor desagradable, los niños comenzaron a
inhalarlos, y en el acto se volvían como unos zombis que solo deseaban ensuciar
la ciudad, ingresaban a sus casas u comenzaban a votar la basura por las
calles, esto sorprendió a todos los padres, ellos no sabían que hacer,
Apestoider quería apoderarse de la ciudad, se acercaba a montículos de basura
ahí recargaba ese olor desagradable para expulsarlo y tener más combatientes
que ayudaran a ensuciar la ciudad.
... la próxima semana estaremos publicando el desenlace de este cuento.

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